El precio y la superficie no explican si una nave servirá realmente para la empresa. Antes de firmar conviene contrastar uso, actividad, estructura, servicios, incendios y coste de adaptación.
1. El uso y la situación urbanística
Hay que confirmar que la actividad prevista es compatible con el planeamiento, que la parcela y el edificio no arrastran limitaciones incompatibles y que los antecedentes de obras están disponibles. Una nave construida no es automáticamente apta para cualquier actividad.
También conviene identificar afecciones, servidumbres, situaciones de fuera de ordenación, condiciones de protección u obras pendientes de documentar.
2. La situación de la actividad existente
Una actividad anterior puede aportar información útil, pero no garantiza que la nueva empresa pueda continuar con las mismas condiciones. Hay que revisar titularidad, alcance, superficies, potencias, instalaciones y modificaciones ejecutadas.
Si la documentación es incompleta, debe valorarse el coste y el tiempo necesarios para reconstruir el estado legal y técnico.
3. Estructura, envolvente y geometría
Altura útil, luces, cargas, pavimento, cubierta, fachadas, muelles y posibilidad de abrir nuevos pasos condicionan equipos y flujos. No basta con comprobar que “cabe”: hay que saber si el edificio puede trabajar como necesita la actividad.
Cuando hay equipos pesados, puentes grúa, placas solares o nuevas aberturas, puede ser necesario encargar comprobaciones específicas.
4. Instalaciones y servicios disponibles
Potencia eléctrica, agua, saneamiento, gas, telecomunicaciones, ventilación y protección contra incendios pueden representar una parte significativa de la inversión. Hay que diferenciar entre lo existente, lo legalizado y lo que realmente tiene capacidad para el nuevo uso.
Las compañías de servicios y los plazos de suministro también pueden condicionar la puesta en marcha.
5. Coste de adaptación y calendario real
La decisión inmobiliaria debe incluir una estimación de las obras, los honorarios, las tasas, las pruebas, los equipos y las contingencias. El calendario debe considerar proyecto, permisos, contratación y ejecución, no solo la duración visible de la obra.
Un diagnóstico antes de firmar no elimina toda la incertidumbre, pero permite convertir una decisión intuitiva en una decisión documentada.
ARBIQ
